De las alturas y otros demonios.

Vivir en un lugar a más de 40 mts de altura del suelo, trae consigo cierto nivel de responsabilidad. Por un lado , la de evitar la tentación de arrojar así sea un simple avión de papel, bolitas de alimentos, o bien, cualquier objeto,por el solo hecho del placer analítico y científico de la observación, y por el otro lado, la tentación de arrojarse uno mismo en el eventual caso de un ataque depresivo con tendencia suicida.

Y es que, aparentemente la morfología cerebral y espiritual en las personas, al parecer incluye también un botón de autodestrucción, que puede ser usado en el momento menos oportuno, por así decirlo. Y dicho botón, a modo de control remoto, permanece más “visible” en aquellas personas que poseen una baja autoestima, transtornos de índole mental, o simplemente una baja apreciación del hecho de poder de estar entre los vivos…Mientras que en las personas de naturaleza fuerte y mejor actitud hacia la vida, este “botón” o control remoto se pasa perdiendo, o extraviado. O simplemente está oculto, pero con la inequívoca capacidad de aparecer a la vista de manera imprevista. A lo largo de la historia del hombre, grandes personajes han padecido este fenómeno…. Ser inteligente, culto o poderoso NO lo eximen a uno como ser de no tomar la decisión rápida o la “salida fácil” en ciertos momentos de la vida.

Se me ocurre pensar que aquellas personas que acostumbran vivir en alturas, manejan de alguna forma cierto nivel de paciencia y amor a nivel familiar y personal que mantienen lejos dicho botón o “control” bastante oculto,ya que, convivir bajo cierto nivel de estrés y problemas de cualquier índole, causarían un vórtice emocional con altas probabilidades de resultar en una desgracia. Cabe mencionar que este temor es superado a los pocos meses de vivir en dicho entorno, muy seguramente, en parte por la costumbre o hábito de naturaleza humana, y además porque el mismo entorno forja inconscientemente una especie de responsabilidad y respeto por el simple hecho de permitir disfrutar de una visión del mundo desde una perspectiva privilegiada, la cual demanda “paz” interior y cordura para no sucumbir ante el deseo de probar el placer único de impactar contra el suelo, influenciado por un delirio existencial que dé término a una vida seguramente de gran proyección…. Es por esta razón que las personas de muy bajos estratos mentales detesta vivir en sitios muy altos, porque tal vez su propia existencia les protege de la inminente posibilidad de un suicidio debido a una discusión, problema o simplemente, un estado alcoholizado fuera de control. 

Vivir en alturas siempre ha sido preferencia de personas con grandes deseos y ambiciones, grandes sueños y un gusto por la tranquilidad. Los que resulta no tener estás características y pueden costearlo, es válido por el hecho de que tocó esa opción, se adaptan a vivir con el temor, más nunca se exponen directamente a una sensación de vértigo, o simplemente logran acostumbrarse, pero sin recibir a cambio el placer del disfrute de experimentar la altura. 

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